domingo, 12 de junio de 2016

Érase una vez de una rota, una descocida.

(Play antes de comenzar)


Entonces decidí que huiría de cada lugar que me hiciera sentir tantito lo que tú. 

De cada persona que me hiciera sentir tantito amor.  

Comencemos con una historia, esta vez,  será larga y muchos probablemente ni siquiera lleguen a leer más de 3 reglones, pero está bien, está perfecto. No tienen porque leer el: Érase una vez de una rota, una descocida. 

Presente derivado de mis pasados:

No funcionaba. Llevaba mucho tiempo sin funcionar y no me refiero sólo en cuanto a lo emocional, también en la cama deje de ser la misma; y cuando digo que no funcionaba era real, los besos no fluían, los orgasmos no llegaban. ¿Y,  qué tan bien puede sentirse uno cuando todo en su vida es un referente al sexo? Un medio para un fin. El fin de soltar todo con un delicioso ahhhh (Sustituya la exclamación de su preferencia; para su orgasmo. El mío, entra dentro del cliché)  

…Y, se intento con el vecino, el primo del vecino. Viejos amores, dolores y odios ¡Simplemente nada! No puedo evitar pensar en sexo, cuando una es buena en ello y lo disfruta, qué más dan los jodidos prejuicios de la gente. En mi país suelen llamarlas putas, más decente: chicas de moral distraída.

La historia, comienza con un corazón roto que decidió nunca volver a amar. Ya saben, la típica decisión casualona cuando te rompen el corazón. Unas deciden: tener otra pareja, otras, engordar, cortar su cabello, entrar al gym… infinidad de pendejaditas que una hace para dejar de pensar en mamadas y sacar del pecho ese vacío con el objetivo de seguir adelante. Porque, por muy mal que todo haya terminado; estudios revelan que para los hombres es más fácil perdonarse y seguir, que para una mujer. Irónico que nos pasamos las noches y los días lloriqueando porque no dejamos de sufrir, pero tampoco paramos.

 -Pero varios años de partirme el hocico me costó llegar a esa decisión deben ustedes saber. Antes, era una más de esas que pasaba sus días en melancolía después de un corazón roto.

No hace mucho me lastimaron un poquito, y entonces pensé: me ha ido peor. El problema es que cuando una de verdad le quiere, a veces no se sabe dónde guardar tanto amor. No se sabe si regalárselo al señor de la basura o si, simplemente mandarlos por mensajería con un: chinga' tu madre.

 ¡Ah! porque también déjeme mencionarle: mi vida se volvió un constante “chingue' su madre” parece el mantra que rige todas mis decisiones y ya sé está mal, o no.

Y seguía yo como siempre saliendome del tema. Ahora sí, la historia comienza con un:

Pasado lejano que nos lleva al pasado no muy lejano.

Danielle, entrando a un bar… un bar de esos, en un país que no era el suyo.

Comenzaba el aire frio; el aire cálido se fue, como se van las hojas de otoño, el amor y los seres amados; como nos vamos todos algún día.


Estaba yo sentada cerca del mostrador, porque como ya mencione hacia frío, de esos que calan un poquito y te ponen rojo pero no de placer, no de vergüenza; ni de esos que congelan el corazón. 
Él estaba tratando de ordenar una caña (Una caña es en realidad el vaso,, donde se sirve vino o cerveza de barril la cantidad, la cantidad de una caña suele ser de 20 cl. )  Pero como yo, también estaba en un bar, en un país que no era el suyo, la diferencia, era que yo hablaba español, él no. Y para su mala fortuna la chica que atendía, tampoco lo hablaba. Es de esos momento en la vida donde hablar 4 idiomas me ayuda a ser una buena persona que puede ayudar a otra a ordenar su pedido, “Una caña y dos tapas veganas por favor.”

Hubiese esperado sólo un: “gracias y hasta luego.” Sin embargo, recibí a cambio: un vuelo de 12 horas lleno de mucho llanto, crecimiento personal y, una casualidad, voy a llamarlo.

Recorrimos Valencia de la mano, nadamos y leímos en sus playas. Nos abrazamos en Santiago de Compostela y sentimos mucho amor por todo Granada, ¿peleamos?, nunca peleamos, parecía casi irreal, teníamos un fantástico sexo de ese que a veces sólo da el sexo de reconciliación; y nos íbamos destrozando el alma un poquito. Nos hacíamos reír y llorar de felicidad, pulí mi inglés y alemán, él aprendió a decir: “está cabrón”
Por las noches después de cenar se acercaba despacito a mì  -y me decía- que era la mexicana de su corazón, la dama de sus pensamientos, el amor de su vida. Y yo, yo sólo podía besarle hasta que sentía como toda esa pasión quemaba. Nunca le llame amor de mí vida, ni el hombre de mis pensamientos porque creía que él lo sabía. O porque no estaba muy convencida de eso. La casualidad me unió junto a un hombre perfecto en todos los sentidos, hasta sus defecto me hacían mejor persona. Y el que me hiciera bonita por dentro, lo era todo. 

Aprendió a cocinar para mí, a cantar para mí a ser todo lo que yo necesitaba porque él me decía yo era todo lo que él necesitaba. Pero vivía con un constante segundero bajo la cama rogando porque el tiempo se detuviera y me dejara a su lado, un por siempre estaba bien para mí. Por desgracia como la mayoría de las cosas no suceden como uno quiere, casi nunca diría yo, ese chingado destino que  nos tiene tan jodidos, con probaditas de amor que nada más nos hace sentir un poquito vivos para después que sé yo: matarnos.
Y ahora pienso, me gustaría morir un par de veces más.

Lloramos y florecimos, planeamos un futuro, un futuro incierto que jamás llegó, como muchas cosas en la vida que no llegan. 

Recorrimos Roma y nos amamos una vez más, volvimos a España y él seguía pidiéndome que no me fuera cuando la realidad es que ya me había ido. Yo seguía rogando que no me dejara ir cuando la también realidad es que los dos pedimos mucho, pero dimos casi nada. Y digo casi porque se hizo mucho, pero a veces el amor; el amor no es suficiente, nos faltaron huevos creo yo. Y digo que nos faltaron huevos porque ahora no estamos juntos y ni lo estaremos. No somos pero si fuimos y eso a veces es lo importante.

Una noche salí a andar a bicicleta. Estaba en la playa a pasadas las doce de la noche, la luna chocaba con el mar, y, un sentimiento de nostalgia golpeó mi interior, de esa que te da cuando uno se siente  solo, vació. Iba a desbordar mi alma por los ojos, estaba sola mirando esa maravilla y no tenía a nadie con quien compartirlo.   No debía sentirme así, no debe uno sentirse solo aún teniendo tanto amor, teniendo un futuro bastante pleno y prometedor. 

Deberíamos poder que sé yo, encarcelar esos pensamientos que nos llevan por el callejón de no piense mamadas avenida dedíquese a ser feliz, pero resulta un tanto imposible no visitarlo de vez en cuando. Algunos hasta se quedan a residir ahí por un largo tiempo, que triste de verás. 

Estaba haciendo mis maletas, pensando en mil y un maneras de quedarme y no mirar atrás, de vivir ese futuro que habíamos trazado; total, si no funcionaba siempre podía volver a casa con el alma rota y el corazón en la mano. Y así volví, con el alma bien rota, hecha pedazos, pero sin vivir la experiencia. No tuve el valor de quedarme. Quizás; sólo quizá porque no me sentía merecedora de un futuro con un amor tan real y sincero. 


Madrid, fue casa de nuestros días de amor, nos miro bailar, beber hasta altas horas, recorrer bares y restaurantes, nos vio mirarnos con ese amor que sólo parece se da pocas veces en la vida, porque el universo no me dejara mentir, fuimos una coincidencia hermosa, de esas que no se planean, solo se dan. Nos miro hacer el amor una y otra vez como seres que quieren permanecer encallados por siempre. Nos miro reír y llorar, subíamos y bajábamos (con doble sentido y todo) Nos miró perdernos y ser, ser hasta el punto de no ser más.

Me preguntaba cuando llegue ¿quién sufría más en las despedidas?, el que se iba o el que se quedaba, pensaba que el que se quedaba, pero, ahora les diré con toda la certeza de haberlo vivido y muy segura de mis sentimientos, que cuando hay amor: Ambos; ambos sufren. Si te quedas, si te vas.
 Las despedidas, esas que crean un dolor tan etéreo y carente de ser que golpean a la realidad de la forma más cruel. No sólo ya no estaría para no mirar la luna besando al mar conmigo, si algún día mirábamos la luna o no, ya no había la más mínima probabilidad de tener el mismo sentimiento que un día se tuvo.

Mi error, fue no amarle lo suficiente para quedarme y el suyo, fue no amarme lo suficiente para detenerme. Nuestro error fue pensar y no actuar, fue decir y no sentir. Ahora sé que cuando amas algo no lo dejar ir, luchas por ello hasta que el amor no sea suficiente, y cuando ya no lo es: entonces uno vende su corazón y le ofrece algo mejor a esa persona e incluso aún cuando eso no es lo suficiente, la renuncia parece ser un error, o no.
 Él reía mientras me besaba. Yo sabía que aquello llegaba a su final y no había vuelta atrás, tenía la romántica pero patética y chingada esperanza de verlo sentado a mi lado en el avión, como el final de la película de Amor de mis amores de: Manolo Caro. Pero Manolo no había escrito mi vida, ni era una película. 

12 largas horas de vuelo me faltaban para entrar a un bar en un país que era el mío. Debo decir: las 12 horas más desesperantes, luchar contra las expectativas lo puede matar a uno. Es mas probable morir de recuerdos que de un mal aterrizaje ¿Por qué no trata de dormir? -me decía mi compañero de viaje- un cuarentón medio calvito que no era el amor de mi vida ni el más tolerante para viajar con una rota, una descocida.

Estar viviendo del pasado, sobreviviendo, no era lo mejor ¿Por qué sobrevivir? cuando se está aquí para vivir. Me aleje de todos y quise comenzar de nuevo, ya sin amor, sin sentir un poquito lo que él me hacía sentir.

La vida va más allá que sólo respirar, y yo, yo no podía vivir de recuerdos no iba a desperdiciarme así, cambie de piso, cambie de amigos, de lecturas; y de música.
Aprendí un nuevo idioma, comencé a fumar, a fumar mucho y sè está mal, tan parecido a la vida diría Regina Mitre en uno de sus tweets, y déjeme ahora citarle un fragmento de un poema de Elvira Sastre porque mi vida se rigió un tiempo por el siguiente:

IV- Yo no quiero ser recuerdo.
“A la mierda
el conformismo
   yo no quiero
                   ser recuerdo.
                   Quiero ser tu amor imposible,
                   tu dolor no correspondido,
                   tu musa  más puta,
                   el nombre que escribas en todas las camas
                   que no sean la mía,
                   a quién maldigas en tus insomnios,
               a quien ames con esa rabia que solo da el odio.”


Y así yo, no queriendo ser recuerdo. Era la rota que iba por ahí cortando solo porque alguien no supo quererla o si, pero no fue suficiente.

Pasado no muy lejano que también me llevo a no funcionar:
Llegó abril, y  S.T Eliot dijo, que Abril es el mes más cruel; dijo muy chingadamente bien, estaba yo ya recuperada, casi completamente viva, respiraba más por decisión propia que por el proceso vital que respirar conlleva, y en abril abrí mi corazón a alguien sin escatimar sentimientos, sin poner frenos sentimentales, di lo que no debí haber dado en abril pero que sí debí haber dado en un mes que no era abril. Con un él que no era él. Ya nunca supe, ni lo sabré -he aquí la bonita ironía de no saber, por no arriesgarse, por ese miedo a perder el control de uno. No fluíamos en ningún sentido, no nos hacíamos reír ¿Y qué si peleábamos? -Peleábamos casi todos los días. No, no había sexo de reconciliación, quizá eso nos falto. No todo marcha igual dos veces. Nos faltó ir de la mano, reír y llorar, pero él, él no tenía tiempo. O no me querían, que para el caso es lo mismo. Cuando uno quiere, el tiempo lo consigue hasta debajo de la almohada, el tiempo no se convierte en una medida de pretextos, para no ser. Ese tiempo que es como un suspiro en la vida de un lector, esos que viven muchas vidas que no son las suyas.

Yo quise a un alguien que no sabía amar. Por eso Abril era un mes cruel, un mes muy hijo de puta y la verdad, es que pasó mayo y la misma persona que me robo abril, podía pasar a llevárselo sin problema alguno.  Y aquí estoy yo, con una taza de café y un cigarro narrándoles la historia de una rota, una descocida que quiso una vez más, mal, incorrecto. Que no dio cuando debió y que no escatimo cuando debió, y ya sé que siempre digo que la vida es una hija de la chingada, pero “a veces confundimos demasiadas cosas con el amor.” El amor que irónicamente se nos puede ir de las manos sin siquiera haber soltado un suspiro, o que, no lo vimos por mirar hacia abajo, cuando debimos quizá mirar al horizonte.  


Danielle Cano.

miércoles, 1 de junio de 2016

En Belzhar puedes encontrar lo que perdiste...


Belzahar
 By
Meg Wolitzer
Editorial V & R
Total de paginas: 317.


Play antes de comenzar.


"Era raro que pudieras vivir durante mucho tiempo sin necesitar a nadie y luego conocías a alguien y sentías que no podías estar un minuto sin esa persona."



Todos en algún momento de nuestras vidas hemos pasado por situaciones bastante difíciles a superar, ¿a quién no le han roto el corazón? o, se ha sentido incomodo con su cuerpo? La vida de muchos ha ido casi perfecta tantas veces, y de pronto, todo se viene abajo. 
¿Por qué?, porque la vida es lo bastante justa para ser muy injusta con todos, o no. 
Belzhar es el lugar donde puedes regresar las manecillas del reloj y quedarte en el momento perfecto; momento antes de que eso tan significante que marcara tu vida para siempre, sucediera. 

Te imaginas encontrar lo que perdiste y permanecer ahí, en ese lugar que algún día te hizo tan feliz.
                                                            
Sinopsis realizada por: bibliophilove.blogspot.mx

"Mis sentimientos eran tan intensos cuando estaba con él 
que tenía que tratar de no darle tanta importancia."

Me enviaron acá por causa de un chico. Se llamaba Reeve Maxfield y yo lo amé pero... 
Jam, es nuestra bonita protagonista, pero tranquilos su nombre es Jamaica no Jam de: mermelada traducido en español. (Ven cuanto me encanto el libro ya) 

"Por propia experiencia, sabia que no había nada que pudiera decirle para que se sintiera mejor. Ambas estábamos perdidas y fragmentadas."

Ella estaba muy enamorada de la idea de estar enamorada de un chico ingles llamado Reeve Maxfield, (oh el doloroso primer amor de secundaria), Hasta que un día, murió y, su pequeño mundo se cerró por completo. Ella lloraba, visitaba el psicólogo; y no podía seguir con su vida. Sus padres deciden enviarla a un instituto especial para chicos "Frágiles", chicos con problemas que los vuelven completamente vulnerables y sensibles. Algunos con pérdidas como Jam, otros con problemas familiares, trastornos alimenticios. 

"Era una amistad realmente profunda. 
Compartíamos muchas cosas. Nuestros 
verdaderos sentimientos. Nunca antes 
habían tenido ese nivel de amistad con nadie."

El granero: como se le conocía a este instituto, prohibía tener toda comunicación con el mundo exterior, me refiero a que: no había Internet, no teléfonos móviles, únicamente una caseta de teléfono pública para tener contacto con sus familias. 
Temas especiales de la literatura es una asignatura como decirlo: especial, en definitiva. Es impartida por la señorita Quenell, quien selecciona a los estudiantes que ella cree aptos estudiando a un sólo escritor, lo cual, los convierte al final del semestre en unos expertos del escritor, pero no sólo eso, también por alguna razón los estudiantes que cursaban esa materia a final del curso, mostraban un cambio radical, por qué? parecía ser un completo enigma. 
Sylvia Plath era la autora seleccionada ese semestre, y como proyecto final: entregar un diario era lo que debían, un diario peculiar, y a qué me refiero con peculiar?.

5 eran los alumnos seleccionados ese semestre, Sierra, Casey, Griffin, Marc y Jam. Cinco estudiantes que no tenían nada en común pero a la vez lo tenían todo. 

"Estar a las puertas de la vida y no poder ingresar en ella... es algo que debe evitarse, siempre que se pueda."

Belzhar, es ese lugar que los  transportaba al escribir en sus diarios, dos veces por semana en todo el semestre, gastando 5 hojas cada visita, pero, ¿Qué pasara cuándo no queden más hojas disponibles y no puedan volver al lugar que tanto confort les trae?.

"A veces, piensas que las personas estarán
siempre contigo pero luego las pierdes sin 
ningún aviso."


Creemos que después de perder a alguien no queda nada más pero de verdad así sucede?
Este libro he de confesar me cayó como astillita al corazón. No todo en la vida es el amor definitivamente, vivir es algo más que respirar, pero, parece que en la adolescencia y un poco más nos cuesta  trabajo entender ese aspecto, siempre hay algo más por lo que luchar y por lo que levantarnos día con día.  
 "-Yo pienso que no cambiar es similar a morir."

Belzhar, en definitiva es un libro de aprendizaje que nos trasportara a ponernos en la piel de cada personaje, y saben lo bonito?, es muy fácil poner en perspectiva nuestra vida y saber si definitivamente es el jodido tormento que nosotros creemos. Soy de la firme idea de que no se necesita un diario para entrar a un mundo alterno donde todo aquello que nos hizo daño en algún momento está bien, el truco está en repasar el momento por la mente, pensar en todo lo que se hizo mal, aprender de ello y levantarse. Creo que Meg es lo que quiere dar a entender con el libro, la vida sigue, y sigue y no podemos vivir siempre del pasado, estamos a veces tan preocupados por él que nos perdemos la aventura de vivir el presente que seguramente tiene cosas nuevas y gratas para uno, al igual que dolor y desdicha pero, así la vida.  

Las ultimas páginas del libro me hacía creer que sabía lo que pasaría y a la vez no, deben saber que la historia da un cambio jodidamente radical, y eso lo hace bastante genial, deja de ser predecible para ser un completo misterio y terminas con un: "OH POR DIOS" en la boca. 
"Supongo que existen ciertos lugares a los que puede 
ir una persona, donde nadie más puede acompañarla.
 Y, a veces, lo único que uno puede hacer es 
confiar en que sabe lo que está haciendo."

Me gusto este libro, como me gusta el olor a tierra mojada después de llover, los viajes y las personas rotas. Deben leer este libro, seguro que si fuese un clásico seria un completo éxito, solo que Meg Wolitzer, bueno, no nació por esas fechas. 
Besitos a todos. 

"No podemos temerle al cambio de lo contrario. 
De lo contrario, nos perderemos de todo."

BTW, gracias a V&R por el ejemplar.